Lo dejaré para mañana. Mañana es sinónimo de indefinido. El indefinido no existe. No se hará pero siempre llega. Me siento en el taburete. No tiene caso, me está alcanzando, lo presiento. La sensación de vacío anuncia su llegada. Lo que se tenía que hacer ya se hizo. Quien fui es quien seré por toda la eternidad, así me recordarán (si es que me recuerdan). Miro, en el lienzo en blanco, experiencias pero no imágenes. Quisiera dejarlo para mañana pero no tengo otra cosa que hacer. Mis amigos han muerto con el paso del tiempo: no tengo ya con quien hablar, reír o llorar. La única compañía que siento es la de ella, que espera tranquilamente el momento en que se el antoje atacarme. Sin embargo, verdaderamente me hinco a sus pies, suplicándole que me devore. Ella me mira y entiendo lo que dicen sus oscuras cuencas. Tengo que pintar. No permitirá que pase si no pinto. Y si hago lo que ella quiere... ¿Qué pintar? ¿Cuál deberá ser mi último cuadro? ¿Cómo ha de lucir...? No tengo idea. Levanto...